En psicoterapia Gestalt cobra un especial sentido el trabajo con polaridades. Lo esencial es que en la gestalt consideramos que las polaridades no son pares de opuestos irreconciliables, sino al contrario, aspectos de nuestra personalidad que podemos y necesitamos integrar para ser más completos. El trabajo terapéutico con las polaridades nos ayuda a reconocernos y aceptarnos tal cual somos, con toda nuestra luz y toda nuestra sombra. Es un camino hacia la reconciliación con todo lo que somos, con nosotros mismos.

Pues en realidad no hay luz sin sombra, ni belleza sin fealdad, ni ternura sin agresividad. Y todos somos en definitiva un poco de todo. El precursor en quién se inspiró Perls en su trabajo de polaridades fue sin duda el psicoterapeuta suizo Carl Gustav Jung, quien también tenía una visión no dualista de los aspectos opuestos en la personalidad humana. No obstante, el trabajo con las polaridades, trasciende a la psicoterapia, y nos lleva directamente a lo transpersonal.

Hace años descubrí un poema de un gran maestro Zen vietnamita, Thich Nhat Hanh. El poema se titula Llamadme por mis verdaderos nombres, y refleja de una forma muy bella la reconciliación de las polaridades.

No digáis que partiré mañana,
pues aún estoy llegando.

Mirad profundamente; estoy llegando a cada instante,
para ser brote de primavera en una rama,
para ser pajarillo de alas aún frágiles,
que aprendo a cantar en mi nuevo nido,
para ser mariposa en el corazón de una flor,
para ser joya oculta en una piedra.

Aún estoy llegando para reír y para llorar,
para temer y para esperar.

El ritmo de mi corazón es el nacimiento y la muerte
de todo lo que vive.

El ritmo de mi corazón es el nacimiento y la muerte
de todo lo que vive.

Soy un insecto que se metamorfosea
en la superficie del río.

Y soy el pájaro
que se precipita para tragarlo.

Soy una rana que nada feliz
en las aguas claras del estanque.

Y soy la serpiente acuática
que sigilosamente se alimenta de la rana.

Soy el niño de Uganda, todo piel y huesos,
mis piernas tan delgadas como cañas de bambú.

Y soy el comerciante de armas
que vende armas letales a Uganda.

Soy la niña de doce años,
refugiada en una pequeña embarcación,
que se arroja al océano
tras haber sido violada por un pirata.

Y soy el pirata,
cuyo corazón es aún incapaz
de ver y de amar.

Soy un miembro del Politburó
con todo el poder en mis manos.

Y soy el hombre que ha pagado
su “deuda de sangre” a mi pueblo
muriendo lentamente en un campo de concentración.

Mi alegría es como la primavera, tan cálida
que hace florecer las flores de la Tierra entera.

Mi dolor es como un río de lágrimas,
tan vasto que llena los cuatro océanos.

Llamadme por mis verdaderos nombres,
os lo ruego para poder despertar
y que la puerta de mi corazón pueda quedar abierta,
la puerta de la compasión.

Thich Nhat Hanh

 

Terapia gestalt y polaridades
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